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May 20
La otra mirada de la salud mental
Carmen Torres
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la vida mental como "experiencia interior ligada a la experiencia interpersonal de grupo". La vida mental combinaría, entonces, experiencias de tres tipos: las cognitivas (percepciones, procesos mentales); las afectivas (emociones, estados de ánimo, sentimientos) y las relacionales (la manera en que la gente interactúa con los otros y con el medio ambiente).
El creciente reconocimiento de la importancia de las fuerzas externas en la vida de las personas, tales como los factores sociales y económicos, relaciones, ambientes físicos y organizacionales, han conducido a un concepto más amplio de salud mental que el que se conocía hasta hace dos décadas. En vez de acotarla sólo a las características del individuo, ella pasa a ser un recurso que lo capacita para interactuar con el grupo y con las oportunidades e influencias del medio ambiente. En ese contexto la salud mental es definida como "la capacidad de los individuos, grupos y el medio de interactuar mutuamente de manera de promover el bienestar subjetivo, el desarrollo y el uso óptimo de las habilidades mentales (cognitivas, afectivas y relacionales), la obtención de metas individuales y colectivas compatibles con la justicia así como el establecimiento y la preservación de condiciones de igualdad fundamental" 1.
Salud mental y mujeres
La psicoanalista Silvia Tuber cuestiona todo tipo de criterio para diferenciar la salud y la enfermedad mental. Para ella, los criterios establecidos se sustentan generalmente en dos supuestos: la enfermedad mental es algo natural, es decir, ahistórico, y se entiende como la desviación con respecto a una norma social 2. Sin embargo, la autora afirma que los estudios demuestran que tales supuestos no son sino construcciones ideológicas. En consecuencia, propone adoptar una perspectiva antropológica y no naturalista del sufrimiento psíquico, vale decir, no categorizar a éste como enfermedad, sino intentar comprenderlo en el contexto del "malestar en la cultura". Asimismo, plantea "una escucha diferente para el padecimiento psíquico de las mujeres" puesto que, al no definirlo como enfermedad no se buscará resolverlo "con más medicalización, más psiquiatrización o más psicologización" 3.
En el Seminario Internacional sobre Malestar Psíquico de las Mujeres (1988, Italia), se definió a la enfermedad como la "pérdida de la conciencia de vivir en condiciones perturbadoras, siendo sujeto de un padecimiento individual, atribuido a disfunciones biológicas", mientras que el sufrimiento femenino fue entendido como "una situación de subordinación social propia de las mujeres" 4.
Mabel Burín, psicóloga argentina, plantea que este sufrimiento femenino expresa el "malestar de las mujeres", entendiendo a éste como "una sensación subjetiva de padecimiento psíquico que no se encuadra dentro de los clásicos criterios de salud o enfermedad". La salud mental de las mujeres se caracteriza, más bien, en términos de conflicto, los que "son siempre situaciones contradictorias, incompatibles entre sí, que pueden ser registrados por el sujeto tanto en forma consciente como inconsciente; en este último caso, el sujeto percibe la tensión o la ansiedad, pero no conoce ni discrimina los términos del conflicto que la producen" 5.
Para esta autora existen tres modelos sobre la salud mental de las mujeres: el modelo psicopatológico, el emotivo-sensible y el tensional-conflictivo. En el Cuadro 1 hemos resumido la descripción de cada uno de ellos 6:
Los dos primeros modelos conciben la identidad de las mujeres dentro del esquema tradicional de mujer=madre, dando relevancia al rol maternal en menoscabo de otras cualidades potenciales y haciendo de este posicionamiento la garantía de su salud mental. Desde este enfoque, el objetivo a alcanzar por las mujeres es la búsqueda de equilibrio y de armonía. Por el contrario, el modelo tensional-conflictivo, al incluir la dimensión social, permite una comprensión distinta de los modos de enfermar de las mujeres.
La perspectiva feminista
Para Janet Hyde la dependencia y la ira tienen una importancia especial en la salud mental de las mujeres y que la hace diferenciarse totalmente de la masculina. La dependencia comprende los actos dependientes, como las expresiones de indefensión o fragilidad, y la dependencia psicológica, en la que la persona es tan emocionalmente dependiente de otra que carece de una identidad autónoma y puede sentirse indefensa sin la otra. De manera general, la dependencia es un problema personal que, a menudo, es provocado o exagerado por las relaciones de poder desiguales entre mujeres y hombres 7. En cuanto a la ira, Hyde afirma que aun cuando hombres y mujeres tienen dificultades para expresarla, ésta es más aceptable—dentro de nuestra sociedad— en los varones. La mujer que muestra con sinceridad su enfado puede recibir a cambio retroinformación negativa de parte de su entorno, pero el hecho de no expresarlo puede resultar especialmente dañino para la salud mental, si la ira reprimida se transforma en depresión 8.
Por lo anterior, tanto la dependencia como la ira deben integrarse en cualquier programa de ayuda o terapia. Pero las investigadoras feministas plantean que es difícil resolver esas situaciones en tanto permanezca el actual desequilibrio de poder entre mujeres y hombres. Por lo tanto, proponen indispensable incorporar la perspectiva de género a la salud mental de las mujeres, puesto que ésta integra aspectos esenciales para entender el enfermar femenino. Estos son:
- reconocer el género en tanto variable de categoría y poder. Los hombres y mujeres tienen en nuestra sociedad categorías desiguales y la de las mujeres es considerada inferior; asimismo, los hombres poseen mayor poder que las mujeres no sólo en la esfera pública sino también en la privada;
- los papeles asignados a los géneros y la socialización con respecto a esos papeles son poderosas fuerzas en todas las culturas;
- la importancia de las fuerzas externas como causales de muchos problemas de las mujeres;
- la concienciación (medio por el cual las mujeres, en pequeños grupos de trabajo, ponen en común sus sentimientos y experiencias personales), constituye un proceso esencial para que las mujeres se conozcan a sí mismas;
- el género, la raza y la clase social interactúan, influyendo en la conducta, tanto de los individuos como de las instituciones sociales;
- el conocimiento, y en concreto la comprensión del género, se construye socialmente 9.
De manera más concreta, Mabel Burín establece los siguientes factores de riesgo para la salud mental de las mujeres:
- el matrimonio (que, por el contrario, sería un factor de protección de la salud de los varones);
- el trabajo de ama de casa (en cambio, trabajar fuera del hogar sería un factor de protección, sobre todo si se hace voluntariamente);
- la doble jornada de trabajo;
- tener tres o más niños pequeños;
- la falta de soporte o ayuda de amigos o familiares;
- la falta de comunicación íntima y confidencial con la pareja 10.
Ana María Daskal, por su parte, enumera una larga lista de condiciones que enferman a las mujeres, de las cuales todas son resultado, en menor o mayor medida, de la discriminación de género:
- participar de una situación permanente de conflicto, sin que éste sea reconocido por el contexto como tal, sino que le sea devuelto bajo la forma de una acusación;
- recibir mensajes contradictorios y/o paradojales acerca de lo que se espera de ella;
- una socialización de género que la moldea en la pasividad, sumisión, abnegación, tolerancia, desvalorización de sí misma, dependencia, complacencia, atención y cuidado de otros pero no de sí misma, obstaculización del desarrollo propio, de la toma de contacto con sus propias necesidades, deseos, malestares;
- vivir en una cultura donde el modelo ideal o esperado para todas las cosas es el varón;
- pertenecer a un género que por ser subvaluado culturalmente, tiene vedadas experiencias de aprendizaje, de experimentación, de desarrollo y de valorización;
- la dificultad para relacionar sus malestares con las condiciones concretas que los producen;
- el condicionamiento que le impide cuestionar algunos deber ser de las mujeres, por no imaginar siquiera otras posibilidades válidas;
- tener una autoestima baja;
- el hecho de tener que demostrar que, pese a ser mujer, vale, puede, sabe;
- el entrenamiento en no expresar malestar, no reclamar, no pedir, no exigir, aguantar, esperar;
- el esfuerzo de conciliación entre las necesidades del mundo familiar, las del laboral y las propias;
- la postergación y/o la frustración de deseos, proyectos, necesidades;
- la falta de estímulos externos y la restricción de oportunidades objetivas;
- las presiones y mandatos para que cumpla con lo prescrito y la marginación como castigo si no lo hace;
- el aislamiento y la falta de cotejo de su propia experiencia con otras mujeres, debido a las condiciones de vida y a la desconfianza adquirida;
- el tironeo entre la necesidad de autonomía, por un lado, y de dependencia de una figura realmente fuerte, por otro;
- el ser víctima de malos tratos diversos, sin registrarlos muchas veces como tales 11.
Los malestares femeninos
Como en tantos otros ámbitos, las cifras sobre salud mental segmentadas por sexo son escasas. Los datos globales para mujeres y hombres en América Latina y el Caribe señalan que los problemas de salud mental más frecuentes son el uso indebido y la dependencia del alcohol (27 por ciento), neurosis (14,5 por ciento), cambios de la personalidad (4,7 por ciento), afecciones cognoscitivas (3 por ciento), retardo mental (1,3) y farmacodependencia (1,2 por ciento) 12.
Las cifras segmentadas por sexo demuestran que al tiempo que las mujeres viven más que los hombres, ellas sufren de síntomas más agudos y crónicos y usan los servicios de salud en mayor proporción que los varones. Así por ejemplo, las mujeres sufren de depresión dos veces más que los hombres. Mientras una de cada cinco mujeres sufre una depresión mayor en su vida, la proporción disminuye a uno de cada diez en los hombres. Los varones, en cambio, presentan mayores índices de abuso y dependencia del alcohol. Sin embargo, nuevos datos expresan cambios importantes. Las tasas de depresión estaría aumentando en los hombres y aquellas de dependencia del alcoholismo estaría creciendo entre las mujeres.
A primera vista, podría pensarse que las mujeres expresan más abiertamente sus problemas o piden más ayuda profesional. No obstante, los datos reflejan, en verdad, la vulnerabilidad a que están expuestas las mujeres, lo que ha sido demostrado en todos los países en los que se han realizado estudios al respecto.
Diversos estudios establecen que el principal malestar que afecta la salud mental de las mujeres es la depresión. Otros mucho menos importantes son los trastornos de la alimentación como la anorexia nerviosa y la bulimia, pero el hecho de que éstos sean prevalentes mayoritariamente en mujeres nos ha decidido a abordarlos también.
Depresion
Los síntomas más relevantes de la depresión en las mujeres presentan aspectos emocionales: desánimo y apatía; aspectos cognitivos: baja autoestima y desesperanza en el futuro; aspectos de motivación: poca motivación e iniciativa; y aspectos conductuales: pérdida del apetito, trastornos del sueño, pérdida de interés por el sexo y cansancio. En general, los síntomas somáticos tienden a agruparse y pueden presentarse simultáneamente: pérdida del apetito y del peso, estreñimiento, perturbaciones del sueño y/o tendencia a dormir más; alteraciones del organismo (sequedad bucal, dolores, cefaleas, sensación de opresión en el pecho); alteraciones menstruales: prolongación o cese del período menstrual.
Más allá de los factores ya señalados por Mabel Burín y Ana María Daskal que contribuyen a la depresión en las mujeres, otros dos tienen una gran incidencia en ella: la violencia física y psicológica, y la pobreza. Es claro que la experiencia de haber sido golpeada, violada o maltratada puede llevar a la depresión y ello ha sido demostrado por numerosos grupos de investigación que trabajan con mujeres. Otros estudios prueban que las mujeres sometidas a estrés económico y responsables de hijos pequeños presentan más síntomas de depresión. Es decir, la creciente feminización de la pobreza y de las mujeres jefas de hogar, fenómenos ambos a nivel mundial, influyen en la salud mental de las mujeres.
Los síntomas depresivos son más numerosos en las mujeres que en los hombres entre las personas casadas, pero no entre las solteras, divorciadas y viudas 13. Los estudios comparativos de solteras con solteros o divorciadas con divorciados y viudas con viudos demuestran que las tasas de enfermedad mental son más altas en los varones que en las mujeres 14. Por otra parte, algunos estudios señalan que las mujeres de clase obrera casadas, con hijos/as y que no laboran remuneradamente, presentan mayor frecuencia de depresión que las de clase media con una situación familiar y laboral similar. Otros trabajos, sin embargo, sostienen que son las mujeres de clase media las que presentan mayores tasas de depresión 15. Tampoco existe consenso sobre el tramo de edad en que las mujeres serían más proclives a la depresión. Mientras algunas investigaciones señalan a las de mediana edad (cuando los hijos/as dejan el hogar), otras indican que las tasas disminuyen en este grupo.
Veamos un ejemplo. En Costa Rica, un estudio exploratorio sobre los pacientes internados por trastornos neuróticos en 1983, 1984 y 1985 determinó que la mayoría eran mujeres (69,7 por ciento en 1983, un 68,1 por ciento en 1984 y un 68,3 por ciento en 1985). La principal afección de estas mujeres era la depresión neurótica, seguida por la histeria y los estados de ansiedad. La mayoría de las que presentaba depresión eran casadas, amas de casa y tenían entre 30 y 39 años. Las conclusiones más relevantes del estudio fueron: el diagnóstico de depresión reactiva encontrado en los expedientes de muchas de las mujeres participantes podía ser erróneo ya que la depresión podía deberse a un problema más profundo de vida; muchas de las experiencias de la niñez de esas mujeres, tales como violaciones, incesto, pérdida de los padres o abandono por parte de éstos, en la mayoría de los casos no aparecían en los expedientes; y quizás la más importante conclusión fue que mientras más aceptación tenían las mujeres de su rol femenino, más propensas eran a la depresión 16.
Depresion y ciclo reproductivo
Muchos estudios ligan los principales trastornos afectivos de las mujeres con el ciclo reproductivo, especialmente el síndrome premenstrual. Pero para Freda Paltiel, parece más lógico estudiar los cambios fisiológicos relacionados con el ciclo de vida reproductiva como un aspecto de la posible dimensión biológica de la causa de la depresión, en vez de acentuar en exceso la importancia psiquiátrica del malestar pasajero de dicho síndrome, que es grave sólo en pocas mujeres 17.
Paltiel considera, no obstante, que la depresión durante el parto y el puerperio es un aspecto de particular importancia. El parto, afirma, no está exento de riesgos mentales o físicos y los primeros han sido dejados de lado con mayor frecuencia que los últimos. Ello explica que el puerperio (etapa inmediatamente posterior al parto), que parece ser un período de alto riesgo para la salud mental de las mujeres, no aparezca en el programa de entrevistas de diagnóstico ni tampoco en la Clasificación Internacional de Enfermedades.
Tampoco existe consenso en cuanto a los riesgos de depresión durante la menopausia. Algunas investigaciones señalan que la incidencia de estados depresivos en la edad mediana muestra mucha menos relación con los cambios hormonales que con el rango de opciones culturales que tiene la mujer en esa etapa 18. Varios autores suponen que las diferencias relativas a la función que desempeña la mujer después de la edad reproductiva en las sociedades no industrializadas han hecho de la menopausia una buena experiencia. No obstante, la necesidad cada vez mayor de cuidar a los padres y familiares ancianos representa una pesada carga para las mujeres de mediana edad, cuya propia salud comienza a quebrantarse al tratar de equilibrar el empleo, las responsabilidades familiares y el cuidado de hijos adultos que todavía no son independientes 19. Lo que sí es claro es que a las mujeres mayores de 50 años se les recetan más medicamentos psicotrópicos que a las de otros grupos etarios y que a los hombres de la misma edad 20.
Anorexia nerviosa
La anorexia nerviosa es un trastorno que lleva a la persona que lo padece a no ingerir alimentos y a prácticamente dejarse morir de inanición. Este malestar se manifiesta principalmente en mujeres (entre el 90 y el 95 por ciento según los estudios), especialmente adolescentes (13 a 22 años de edad) y es mortal entre el 5 y el 10 por ciento de los casos. Los síntomas más frecuentes son:
- pérdida del 20 por ciento o más del peso;
- amenorrea o ausencia del período menstrual;
- pérdida de cabello, piel seca y escamosa;
- estreñimiento;
- lanugo (crecimiento del vello corporal relacionado, al parecer, con el esfuerzo que hace el organismo para mantener el calor cuando no recibe calorías);
- temperatura corporal baja (entre 35º y 36º C) 21.
La persona anoréxica tiene una imagen deformada de su cuerpo y piensa que debe hacer todo lo posible por bajar de peso. Muchas veces las adolescentes con anorexia comienzan una dieta normal, pero pronto pierden el control e ingieren apenas entre 600 y 800 calorías diarias. Igualmente tienden a ser hiperactivas y realizan ejercicios con el fin de quemar más calorías. Entre los factores o causas determinantes de la anorexia se encuentran los conflictos de la función de los sexos, el ideal de esbeltez, el adiestramiento para ballet, la baja autoestima.
Bulimia
También denominada bulimarexia, la bulimia es una variante de la anorexia puesto que la pérdida de peso se consigue de manera diferente: comer en exceso y vorazmente para luego, antes de poder asimilar las calorías, obligarse a vomitar o utilizar laxantes para liberarse de los alimentos. Al igual que la anorexia nerviosa, es un trastorno predominantemente femenino (90 por ciento de las personas bulímicas son mujeres). Se presenta generalmente en las adolescentes y en la población universitaria femenina. Los estudios al respecto precisan que entre las causas o factores determinantes de este trastorno de la alimentación se encuentran los conflictos de la función de los sexos, incesto, abuso sexual, deterioro de la autoestima.
Tanto la bulimia como la anorexia nerviosa tienen como principal base la ansiedad, que puede ser esencial (que se supone no tiene una causa aparente) o reactiva (respuesta a uno o varios problemas externos).
Servicios necesarios
En resumen, resulta indispensable vincular la salud mental de las mujeres a su especificidad, sin olvidar el mundo circundante en el que deben incluirse las y los profesionales encargados de su atención con una mirada diferente a la tradicional. Pero también es imprescindible que las mujeres tengan un mayor acceso a servicios adecuados de salud mental. Y esto sólo es posible en la medida que los servicios de atención primaria incluyan un componente de salud mental.
Las tareas de salud mental no son una nueva carga para los servicios de atención primaria sino que, por el contrario, aumenta la eficacia de éstos, puesto que son una manera de prevenir enfermedades físicas 22. Se ha observado, por ejemplo, que la ansiedad emocional y psíquica es un signo precursor o una causa de procesos patológicos. Se ha visto que la depresión es una frecuente manifestación precoz de etiología cancerosa, que muy a menudo precede a los síntomas físicos específicos; también se ha demostrado que precede al infarto agudo de miocardio con una frecuencia muy superior al nivel aleatorio.
Por otra parte, muchos trastornos crónicos e incapacitantes son secuela de ciertos estilos de vida. En ese sentido, la nicotina, el alcohol, los tranquilizantes y otras drogas influyen en la aparición de enfermedades como el cáncer pulmonar y los trastornos gastrointestinales y hepáticos, así como en el desarrollo de otras más comunes, como la hipertensión.
Si a este componente de salud mental se le suma la perspectiva de género, es evidente que el enfermar de las mujeres podría disminuir drásticamente. Cada vez más son numerosas las interventoras en salud que abogan por la incorporación de la variable género en la salud mental de las mujeres. Esto, en la práctica, significa:
- revisar los criterios y categorías diagnósticas tradicionales.
- entender los síntomas de la consultante como expresión de un malestar dentro de un contexto social, cultural, histórico, familiar y de género.
- percibir y conocer los efectos psicológicos de la socialización diferencial para varones y mujeres, y de las diferencias de status y de jerarquía en el mundo social.
- buscar comprender la manera en que se produce la articulación entre la experiencia personal de vida y las prescripciones, condicionamientos y mandatos sociales sobre el género 23.
En suma, poner en revisión los clásicos conceptos y metodologías de la medicina y la psiquiatría tradicionales masculina, para desde una nueva mirada buscar salidas a las necesidades de salud de las mujeres.
Notas
1. Psychosocial and Mental Health Aspects of Women’s Health. Ginebra: World Health Organization, 1993, p.2.
2. Silvia Tuber, "Morbilidad mental diferencial", en Mujer y calidad de vida. Barcelona: C. Vall Llobet, E. Méndez, 1991, p.118-129.
3. Idem, p.125.
4. Citado por Mabel Burín en El malestar de las mujeres. La tranquilidad recetada. Buenos Aires: Paidós, 1991, p. 25.
5. El malestar de las mujeres. La tranquilidad recetada. Buenos Aires: Paidós, 1991, p.39-40.
6. Idem, p.69-71. El cuadro es un resumen realizado por la Agenda Salud.
7. Janet Sh. Hyde, Psicología de la mujer. La otra mitad de la experiencia humana. Madrid: Ediciones Morata, 1995, p.357.
8. Idem.
9. Janet Sh. Hyde, Psicología de la mujer, La otra mitad de la experiencia humana. Madrid: Ediciones Morata, 1995, p.85.
10. Mabel Burín, El malestar de las mujeres. La tranquilidad recetada. Buenos Aires: Paidós, 1991, p.60.
11.Ana María Daskal, "Algunas reflexiones acerca de la salud mental de las mujeres", en Primer Congreso Nacional Mujer y Salud Mental. Santiago, Chile: SERNAM, pp.23-29.
12. Itzhak Levav y colaboradores, "Salud mental para todos en América Latina y el Caribe. Bases epidemiológicas para la acción", en Bol of Sanit Panam 107(3), 1989, pp.196-218.
13. L. Eisenberg, citado por Juana Colom, en "Mujer y depresión, algunas consideraciones sobre la desigualdad sexual", en Mujer y Salud Mental. Madrid, Instituto de la Mujer, 1988, p.86. Las cursivas son de L. Eisenberg.
14. W. Gove y J. Tudor, citado por Juana Colom, en "Mujer y depresión, algunas consideraciones sobre la desigualdad sexual", en Mujer y Salud Mental. Madrid, Instituto de la Mujer, 1988, p.86.
15. P. B. Bart, citado por Juana Colom, en "Mujer y depresión, algunas consideraciones sobre la desigualdad sexual", en Mujer y Salud Mental. Madrid, Instituto de la Mujer, 1988, p.86.
16.May Brenes, Sandra Castro, Roxana Pinto, Mujer y Depresión. San José: APROMUJER, 1990, p.163.
17. Freda L. Paltiel, "La salud mental de la mujer de las Américas", en Elsa Gómez (Ed.), Género, Mujer y Salud en las Américas. Washington: OPS, 1993, (Publicación Científica Nº 541), p.145.
18. OPS, Las condiciones de salud en las Américas. Washington: 1990, p.14.
19.Freda L. Paltiel, "La salud mental de la mujer de las Américas", en Elsa Gómez (Ed.), Género, Mujer y Salud en las Américas. Washington: OPS, 1993, (Publicación Científica Nº 541), p.145.
20.Idem, p.145.
21.Janet Sh. Hyde, Psicología de la mujer. La otra mitad de la experiencia humana. Madrid: Ediciones Morata, 1995, p.336.
22.OMS, La introducción de un componente de salud mental en la atención primaria. Ginebra: OMS, 1990, p.12.
23.Ana María Daskal, "Algunas reflexiones acerca de la salud mental de las mujeres", en Primer Congreso Nacional Mujer y Salud Mental. Santiago, Chile: SERNAM, 1994, p.28 y 29.
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En salud mental, existen diferentes conceptos de normalidad. Offer y Sabshin establecieron en 1984 cuatro perspectivas a este respecto:
- la normalidad entendida como salud, un enfoque médico-psiquiátrico con énfasis en la definición de patología. De esta manera, normalidad sería la ausencia de patología.
- la normalidad como utopía o ideal, impulsada por teóricos psicoanalíticos y humanistas que definen la normalidad como el funcionamiento ideal o realización personal.
- la normalidad como promedio. Utilizada por los sociólogos, se basa en la distribución normal con el promedio visto como normal y los extremos como desviaciones. En esta concepción, normal no significa necesariamente asintomático.
- la normalidad como sistemas transaccionales. El comportamiento normal es el resultado final de la interacción de sistemas que cambian en el tiempo en función del desarrollo y del medio ambiente.
Fuente: Psychosocial and Mental Health Aspects of Women’s Health. Ginebra: World Health Organization, 1993, p.1. |
| En salud mental, todo síntoma tiene un valor simbólico. La depresión, la neurosis, la anorexia, la bulimia, no son sino la expresión de un malestar que va más allá del hecho puntual que puede haberlo hecho emerger. Y en este malestar pueden haber aspectos biológicos, psíquicos, sociales y hasta medioambientales. |
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Los factores sociales, tales como la discriminación de género, son uno de los obstáculos para el pleno logro de salud de las mujeres. Ellas enfrentan dilemas y conflictos en los contextos del matrimonio, de las relaciones familiares, de la reproducción, de la crianza de los hijos, del divorcio, de la vejez, de la educación y del trabajo. Los tipos de estrés que pueden tener un impacto mayor en las mujeres y contribuir a ser un riesgo mayor de depresión incluyen:
- abuso físico y sexual
- acoso sexual
- discriminación basada en el sexo
- embarazos no deseados
- divorcio
- pobreza
- ausencia de poder
La información epidemiológica liga el desorden mental con la alienación, la falta de poder y la pobreza, condiciones mucho más frecuentemente experimentadas por las mujeres.
Fuente:
Psychosocial and Mental Health Aspects of Women’s Health. Ginebra: World Health Organization, 1993, p.3. |
Algo sobre Teorías
En las primeras décadas de este siglo, la psiquiatría fue revolucionada con la teoría del subconsciente. Desde entonces, el debate entre partidarias/os y críticas/os de su autor, el psiquiatra austríaco Sigmund Freud, no ha cesado.
El aporte de Freud, aun cuando es considerado esencial para entender la evolución de la personalidad, ha sido fuertemente criticado. Uno de los reparos más importantes es que las ideas de Freud se apoyaron casi exclusivamente en su trabajo con pacientes que estaban en terapia, por lo que su teoría no describiría tanto la conducta humana en general sino más bien la patológica. También se piensa que Freud hizo un excesivo hincapié en los determinantes biológicos de la conducta humana, sin prestar suficiente atención a la influencia de la sociedad y del aprendizaje en la configuración de la conducta, que operan para provocar diferencias entre mujeres y hombres 1.
Por otra parte, el psicoanálisis —sistema terapéutico basado en la teoría de Freud— es criticado por ser un método de intervención muy prolongado y exclusivo (individual), aplicable sólo a un restringido grupo de problemas (los llamados problemas neuróticos) ignorando otros de alta relevancia social, y por ser además un método al que tiene acceso un reducido número de personas 2.
Muchas investigadoras feministas, que reconocen los aportes de la teoría freudiana y la práctica del psicoanálisis (escuchar el discurso de cada pacientemujer hace posible el trabajo de desciframiento), objetan sus fundamentos sobre las mujeres. Los puntos de vista de Freud a este respecto son calificados de falocéntricos, de hacer aparecer a las mujeres como inmaduras y dependientes y de describir el desarrollo femenino como una variación inapropiada de la evolución masculina.
En la década de los setenta, con las crecientes críticas a la psiquiatría tradicional, se dio inicio a la psicología humanista, que englobaba distintas técnicas y enfoques: Terapia Gestalt, Análisis Bioenergético, Análisis Transaccional, Terapia No Directiva, Psicodrama, etc. Todas éstas consideraban a la persona como una totalidad y buscaban un equilibrio entre la mente, el cuerpo y los sentimientos. En este enfoque, la vida pasaba a ser concebida como un aprendizaje continuo y el proceso terapéutico dejaba de ser algo restringido a determinadas personas 3.
Pero la psicología humanista tampoco reconocía las diferencias existentes entre mujeres y hombres (biológicas y socioculturales) por lo que también fue objeto de reparos. Además, al hacer responsable al individuo de su propia realidad, descartando la sociedad, el ambiente y las vivencias del pasado, se perpetuaba, en el caso de las mujeres, la idea de que éstas eran las únicas responsables de lo que les sucedía.
La teoría sistémica, surgida igualmente como alternativa a la teoría del subconsciente, considera a la persona que presenta problemas de salud mental inserta en un complejo sistema que incluye su familia y la sociedad; por lo tanto, su enfoque es tratar el problema con los demás integrantes de la familia. Para la perspectiva sistémica, el punto de vista sobre las relaciones entre mujeres y hombres es el de interdependencia. En este marco, la madurez se define idealmente como autonomía con vinculación. Pero la división que se hace de estos atributos, asignando autonomía a los hombres y vinculación a las mujeres ha hecho que las investigadoras feministas critiquen esta parcelación porque confunde separación o desvinculación con autonomía, un signo de madurez valorado, mientras que vinculación se equipara con dependencia, señal de inmadurez y por lo tanto desvalorizada 4.
Otro reparo a esta perspectiva sistémica es su concepto de reciprocidad, que establece que todas las personas involucradas en un problema tienen un papel en la perpetuación de éste por vía de reforzar la conducta de otros. Las investigadoras feministas afirman que la manera en que este concepto se enseña, omite explicar que cumplir un papel no significa cumplir un papel equivalente 5. Se señala que si bien se puede decir que alguien juega un papel en una situación de abuso, eso no quiere decir que sea responsable del abuso, que tenga el mismo poder, o igual número de opciones o la misma habilidad para resolver el problema 6.
Notas
- Janet Sh. Hyde, Psicología de la mujer. La otra mitad de la experiencia humana. Madrid: Ediciones Morata, 1995, p.39.
- Ana María Arón, "Un modelo de salud comunitaria en Chile".
- Mercè Collet, Rosa Mª Ferrer, Fina Pla, "Mujeres en busca de una nueva identidad", en Revista de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe Nº 1/90, p.58.
- Marianne Walters, Betty Carter, Peggy Papp, Olga Silverstein, La red invisible. Pautas vinculadas al género en las relaciones familiares. Buenos Aires: Paidós, 1991, p.33.
- Idem., p.36.
- Margarita Tarragona, "La mujer y los ‘expertos’ en salud mental", en Familias en transformación y códigos por transformar. México, Grupo de Educación Popular con Mujeres, 1992, pp.64-74.
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Cuadro 1 Modelos de la salud mental de las mujeres
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| Psicopatológico
| Emotivo-sensible
| Tensional-conflictivo
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| Formulación
| Un cierto grado de locura acompaña y define a la salud mental de las mujeres. Las mujeres son todas un poco locas.
| Las mujeres son saludables en tanto puedan mantener su equilibrio emocional y armonizar los afectos entre quienes las rodean.
| Las mujeres padecen estados de malestar que expresan a través de sentimientos de tensión y de conflicto; la agudización de los estados de conflicto, denominados crisis, constituyen situaciones óptimas para abordar las problemáticas de las mujeres.
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| Criterio básico
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La enfermedad es una desviación de lo normal.
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La salud es equiparada al equilibrio y la armonía.
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Las mujeres son un grupo social que padece condiciones opresivas de existencia, especialmente en su vida cotidiana.
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| Fundamentos
| Problemática tanto de úteros migratorios como de fiebre uterina, trastornos hormonales, etapas vitales asociadas a la reproducción, la menopausia, etc.
| Los problemas afectivos que ponen en tensión las relaciones familiares y domésticas deben ser armonizados. Cuidado y preservación de las necesidades emocionales de cada uno de los miembros de la familia.
| La salud mental de las mujeres es asociada al enfrentamiento de los conflictos. Los estados de crisis (adolescencia, mediana edad, embarazo, aborto, divorcio) son propiciadores de transformaciones para la salud mental.
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| Principios
| Biologistas, a-históricos, indi-vidualistas, a-sociales, esen-cialistas.
| Capacidad de mantener, preservar y equilibrar los conflictos familiares.
| Necesidad de la construcción de una subjetividad femenina basada en la participación social y en el concepto de las mujeres como sujetos sociales.
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| Racionalidad
| Basada en criterios dualistas salud-enfermedad.
| Afirmada sobre la sensibilidad femenina para detectar las necesidades emocionales de quienes la rodean y su capacidad de dar una respuesta apropiada.
| Afirmada en la noción de conflicto, de crisis y de transicionalidad.
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Modo de intervención
| A través de expertos y profesionales que utilizan fárma-cos o herramientas coercitivas para curar.
| Recursos humanos con conocimientos técnicos para manejar situaciones de desequilibrio. Ocasionalmente, utiliza fármacos.
| Recursos grupales en general. Al utilizar recursos individuales, prioriza la noción de construcción social de la subjetividad femenina. |
ARTICULO TOMADO DE: http://www.isis.cl/temas/salud/reflex4.htm
| February 24

La violencia de género (según la Ley Integral contra la violencia de género, 2004) se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión.
Recientemente está dejando de ser considerada un asunto privado y cobra la relevancia de un problema social que debe ser comprendido y prevenido.
Definimos el maltrato infantil (Centro Internacional de la Infancia de París) como cualquier acto por acción, omisión o trato negligente, de carácter no accidental, realizado por individuos, por instituciones o por la sociedad en su conjunto, y todos los efectos derivados de estos actos o de su ausencia que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes y/o que dificulten su óptimo desarrollo.
Quiero incidir y resaltar que además de ser altamente probable que los niños sean también víctimas directas de violencia física o psicológica en situaciones de maltrato doméstico, los hijos de las mujeres maltratadas son receptores directos de la violencia contra sus madres, aunque ellos directamente no hayan recibido ni un solo golpe.
Vivenciar la angustia de la madre maltratada, su temor, inseguridad, tristeza, les produce una elevada inseguridad y confusión. Esa angustia se traduce en numerosos trastornos físicos, terrores nocturnos, enuresis, alteraciones del sueño, cansancio, problemas alimentarios, ansiedad, estrés, depresión...
La UNICEF señala que aunque no se les ponga la mano encima, presenciar o escuchar situaciones violentas tiene efectos psicológicos negativos en los hijos. Aunque no sean el objeto directo de las agresiones, padecen violencia psicológica, que es una forma de maltrato infantil y que la Convención Internacional de los Derechos del Niño -ratificada por España- considera una forma de maltrato infantil y la recoge en el artículo 19 como "violencia mental".
Los niños no son víctimas sólo porque sean testigos de la violencia entre sus padres, sino porque "viven en la violencia". Son víctimas de la violencia psicológica, a veces también física, y que crecen creyendo que la violencia es una pauta de relación normal entre adultos (Save the Children, ONG)
Pero lo peor, al estar en fase de crecimiento y desarrollo madurativo, conforman su personalidad en función de la violencia y la toman como modelo, interiorizando los roles de maltratador o maltratada. Interiorizan patrones de comportamiento violentos y no discriminan lo que es adecuado o está bien, de lo que es injustificable. En la mayoría de los casos la violencia se produce en etapas donde los niños maduran su desarrollo psicológico. Las agresiones de una figura primordial de referencia en su desarrollo (el padre) sobre el agente de socialización por excelencia (la madre). Los hijos de un maltratador crecen inmersos en el miedo. Ellos y ellas son candidatos al diagnóstico de toda la variedad de trastornos por estrés traumáticos, depresiones por desesperanza o de posibles trastornos de personalidad. Todo ello sin un solo golpe, sin un maltrato "directo". El ejercicio de la Violencia Doméstica siempre afecta a los niños, siempre, bien como receptores, bien como testigos.
Me dirijo en este caso a las madres, que como víctimas en ocasiones no pueden, y en otras no son conscientes de que sus hijos, aunque no sean directamente agredidos, sí lo están siendo de forma indirecta, sólo por el hecho de presenciar o vivir una situación de violencia en el ámbito familiar. Y los efectos de la violencia sobre los niños, de todas las edades, son terribles. A grosso modo, las consecuencias para estos niños de la violencia familiar son gravísimas, tanto a corto, como a largo plazo. De hecho, los trastornos y problemas psicológicos y sociales que presentan estos niños son similares a los que presentan sus madres como víctimas de violencia de género. Es decir, los niños en esta situación, insisto, también están siendo agredidos.
Es un mito, dentro de la violencia contra la mujer, que la conducta violenta del agresor a la mujer no es un riesgo para los hijos. Sin embargo, muchísimos estudios prueban que los hijos, sean víctimas directas o indirectas, padecen enormes consecuencias negativas, tanto para su desarrollo físico como psicológico, tanto efectos a corto como a largo plazo, afectando a sus emociones, pensamientos, valores, comportamiento, rendimiento escolar y adaptación social. Manifiestan conductas externas: agresivas, antisociales, desafiantes... e internalizadas: inhibición, miedo, baja autoestima, ansiedad, depresión, síntomas somáticos...
Efectos en los niños, víctimas o testigos, de la violencia de género
Las alteraciones detectadas en los niños/as afectan a diferentes áreas: física, emocional, cognitiva, conductual y social (Wolak, 1998):
Problemas físicos:
- Retraso en el crecimiento. - Dificultad o problemas en el sueño y en la alimentación. - Regresiones. - Menos habilidades motoras. - Síntomas psicosomáticos (eczemas, asma...). - Inapetencia, anorexia.
Problemas emocionales:
- Ansiedad. - Ira. - Depresión. - Aislamiento. - Baja autoestima. - Estrés post-traumático.
Problemas cognitivos:
- Retraso en el lenguaje. - Retraso del desarrollo. - Retraso escolar (rendimiento).
Problemas de conducta:
- Agresión. - Crueldad con animales. - Rabietas. - Desinhibiciones. - Inmadurez. - Novillos. - Delincuencia. - Déficit de atención-hiperactividad. - Toxodependencias.
Problemas sociales:
- Escasas habilidades sociales. - Introspección o retraimiento. - Rechazo. - Falta de empatía/Agresividad/Conducta desafiante.
Los factores que determinan el alcance del impacto de la violencia en los niños son, básicamente:
- Edad y nivel de desarrollo. - Género. - Tipo, severidad y tiempo de exposición a la violencia. - Contexto familiar. - Tipo de intervención social. - Acumulación de otros factores estresantes.
Transmisión generacional de la violencia. El modelo de aprendizaje
Existen efectos a más largo plazo que se producen en los niños expuestos a violencia en el contexto familiar. El más destacado es el modelo de aprendizaje de comportamientos violentos. Se ha estudiado que estos niños, de mayores, con más frecuencia y probabilidad maltratarán a sus parejas y que las niñas serán víctimas de violencia de género.
Los hijos de la violencia de género están viviendo de forma continuada y prolongada situaciones de violencia y abuso de poder, experiencias que les marcarán en su desarrollo, personalidad, comportamiento y valores en la edad adulta. Aprenden a entender el mundo y las relaciones de forma inadecuada. Tengamos en cuenta que la familia es el primer agente socializador y el más determinante para el desarrollo y la formación de modelos y roles.
Las relaciones familiares violentas influirán en el significado que el niño atribuya a las relaciones interpersonales, y más concretamente a las relaciones entre géneros, entre hombres y mujeres. Estos patrones violentos de comportamiento y relación se aplicarán a sus propias relaciones, desarrollando conductas sexistas, patriarcales y violentas. Algunos autores llegan a la conclusión de que los menores expuestos a violencia hacia su madre desarrollarán unas creencias y valores asociados a la violencia de género, tales como:
1) El hombre es el que manda en la familia; todos los demás deben obedecerle. 2) Las mujeres son inferiores al hombre y no tienen los mismos derechos.
3) Si un hombre golpea a una mujer es porque se lo merece o porque ella lo provoca.
4) El pegar a las mujeres es normal, es frecuente y no tiene repercusiones.
5) Si quieres que te respeten tienes que ser violento.
No tienen opción a aprender estrategias más adecuadas de relación interpersonal, de solución de conflictos, flexibilidad, diálogo, respeto...
Evaluación de los menores víctimas de la violencia de género
- Debemos ser conscientes de las consecuencias negativas que sufren los niños víctimas directas de la violencia doméstica. Asumir que también son víctimas y pueden sufrir graves perjuicios en su desarrollo físico y emocional.
- Prevención/intervención inmediata desde los servicios sociales, psicológicos, sanitarios, educativos, fuerzas policiales, desde el ámbito jurídico, etc. A fin de detectar cuanto antes este problema. También las madres, los vecinos, la sociedad en general.
- A las madres, los psicólogos, profesores, profesionales de la salud, hacer un llamamiento para estar atentos a fin de determinar indicadores/síntomas/trastornos que puedan estar originados por la exposición a la violencia intrafamiliar. (Muchas madres acuden a consulta con diversa sintomatología psicológica sin ser conscientes de que es producida por el maltrato que sufren, a veces, incluso, "empujadas" por el sujeto maltratador, trasladándoles a ellas la culpa de su estado).
- Desde el contexto judicial, en cada situación que indique violencia contra la mujer y en el que haya niños inmersos se debería actuar lo más rápido y eficazmente posible para valorar la victimización infantil.
- En este contexto, la práctica pericial por profesionales, psicólogos adscritos al juzgado, sería la vía a seguir para la realización de una valoración psicológica forense de la existencia de violencia y las consecuencias de ésta en los menores, a fin de tomar medidas oportunas para su protección, reflejando el impacto de la violencia, física o psicológica sobre su salud física o psíquica. Estos informes serían una contribución añadida a las pruebas periciales.
- Atención a la victimización secundaria de las personas que sufren de violencia de género, mujeres y niños. Sufrimiento añadido, que a las víctimas, a los testigos y mayormente a los sujetos pasivos de un delito les infieren las instituciones más o menos directamente encargadas de hacer justicia: policías, jueces, peritos, abogados, fiscales, funcionarios... La victimización secundaria es la respuesta que da el sistema a una víctima, respuesta que la hace de nuevo revivir su papel de víctima, con el agravante que esta nueva victimización se da por parte de las instancias de las que ella espera ayuda y apoyo. Esta vez no es sólo víctima de un delito, sino de la incomprensión del sistema.
- El daño psíquico padecido por las víctimas de malos tratos, más la vulnerabilidad de tales víctimas, lleva a que sea fácil reforzar su victimización, que los hace "revivir" varias veces en una relación asistencial (biomédica, jurídica, psicológica, social, etc.), generadora de victimización secundaria, que victimiza a la víctima de nuevo al obligarla a contar la historia de su trauma por enésima vez, con el consiguiente riesgo de recaída en el daño o dolor padecidos.
- Se debería procurar evitarse que los procedimientos en que las víctimas o los testigos son niños sufran dilaciones innecesarias. El lenguaje y los aspectos formales deberían de tener en cuenta la edad y el desarrollo del menor. Los profesionales que intervienen han de tener experiencia y formación especializada acreditadas. Habría de evitarse que el menor tenga que declarar dos o más veces sobre los mismos hechos. Habría que evitar el enfrentamiento con el agresor, procurar la protección visual del menor, siempre que sea necesario, y preservar la intimidad del menor celebrando el juicio a puerta cerrada.
Si aquí hay madres que han sufrido malos tratos y profesionales implicados en estos asuntos, entenderán lo complicado que resulta a veces hacer entender en los procesos judiciales, la violencia sufrida por los niños.
Ejemplos, muchos y continuos. Siguen prevaleciendo, por desgracia, algunos mitos, como: 1) Si un hombre arremete contra la mujer, no influye en su relación con los niños y 2) la figura paterna es imprescindible para el correcto desarrollo de los menores. Yo haría una puntilla: siempre y cuando la relación del padre con sus hijos no los perjudique. En caso contrario, más vale no contar con la figura paterna, que tener una figura inadecuada y destructiva.
La importancia de una detección precoz del maltrato infantil
Antes de proceder a un repaso de estas herramientas del trabajo preventivo que constituyen los indicadores del maltrato infantil, debemos hacernos las siguientes reflexiones:
1. Los niños y niñas que sufren maltrato suelen presentar problemas en su proceso evolutivo, en los niveles emocional, cognitivo, conductual y social que les dificultan el desarrollo adecuado de su personalidad. De ahí la necesidad de la Prevención en este campo.
2. Considerada esta cascada de efectos negativos para el desarrollo personal de la persona menor maltratada, tiene mucha importancia el detectar cuanto antes el maltrato infantil.
3. La detección precoz del maltrato infantil puede realizarse mediante una lectura inteligente de indicadores del mismo.
4. Estos indicadores consisten en señales de alarma que "indican" una potencial situación de riesgo de maltrato.
5. Un uso adecuado de los indicadores debe tener en cuenta criterios como la frecuencia de las manifestaciones, así como el contexto, el modo, el dónde y el cuándo aparecen y la eventual "constelación" de los mismos.
6. Los indicadores apuntan a circunstancias de riesgo, no son factores determinantes del maltrato infantil. No son causa-efecto.
7. Desde estas reservas, podemos considerar algunos de los indicadores más corrientes en la evaluación precoz del maltrato infantil.
Indicadores en la víctima infantil
En la víctima infantil del maltrato pueden aparecer señales en distintos niveles:
1. Somático y fisiológico
- Cicatrices, hematomas, fracturas, magulladuras, cortes, quemaduras, raspaduras, marcas de mordeduras, etc. - Trastornos de la alimentación, de la vigilia y del sueño. - Descuido y suciedad corporales y de la vestimenta. - Dolores frecuentes y diversos. - Retrasos en el desarrollo físico, emocional, cognitivo y psicosocial.
2. Actitudinal y emocional
- Nerviosismo, ansiedad, irritabilidad, recelo, vigilancia, aislamiento, hostilidad. - Cansancio, desmotivación, inapetencia y pasividad. - Fluctuaciones bruscas en el estado de ánimo. - Depresión, tristeza y baja autoestima. - Aversión al contacto físico o a la interacción social con personas adultas.
3. Conductual
- Absentismo escolar reiterado e injustificado. - Entrada temprana y salida tardía de la escuela. - Crisis repentina de rendimiento escolar. - Declaraciones reiteradas de que nadie se ocupa de mí. - Miedo de regresar a casa. - Afirmación de que le han maltratado. - Expresión pública de comportamiento sexual precoz. - Peleas y discusiones frecuentes. - Comportamiento agresivo, antisocial y destructivo. - Explosiones de llanto sin motivo aparente.
8. Intervención
Tres aspectos a tratar, principalmente, en los niños víctimas de violencia familiar:
- Emocional. Ofrecer al niño la posibilidad de ser escuchado y de hablar sobre sus sentimientos a fin de que se libere y normalice sus emociones.
Muchas madres no saben que la violencia que ellas han recibido afecta también a sus hijos.
Aclarar sus dudas, a madres e hijos, y disminuir su incertidumbre.
- Cognitivo. Ayudar al niño a reestructurar sus valores y creencias sobre la violencia.
- Conductual. Ayudarlo en la inseguridad que siente y percepción de falta de control sobre su vida. Manejar la asertividad, planes de actuación de protección, aprender a personalizar recursos y estrategias de afrontamiento y prevención. Enseñarle a manejar la tensión, y posibles conductas resistentes, desajustadas o agresivas.
A modo de conclusión
Así pues, a los hijos e hijas de las mujeres víctimas de la violencia de género los consideramos también víctimas, las víctimas invisibles y por ello necesitan la concienciación, la atención, el apoyo y protección tanto de sus madres y padres como de todos los profesionales inmersos o no en el contexto social-psicológico-sanitario-jurídico.
Destaco una cita de Lorente en su libro sobre violencia de género y suicidio: "Hay muchos ojos que no ven porque sus corazones y sus conciencias no quieren mirar".
Cuando estamos ante una mujer víctima de violencia de género, y es madre, debemos de tomar conciencia de que estamos ante más de una víctima.
Insistir en la victimización secundaria que es un fenómeno que ocurre cuando una víctima de violencia familiar recurre a alguna institución (comisaría, hospital, servicios sociales, juzgado, etc) o a algún profesional (médico, psicólogo, abogado) en busca de ayuda y dichas instituciones o profesionales, quizás poco informados acerca del problema e impregnados por los mitos acerca de la violencia doméstica, se conducen culpando a la víctima. Incurren así en conductas que en lugar de ayudar, convierten a la persona por segunda vez en víctima. Aquí también, la tarea de prevención informando y orientando a la comunidad ayudaría a evitar estas conductas.
Creo necesario insistir en campañas de sensibilización e información a nivel familiar, escolar y social sobre la problemática de la violencia familiar en todas sus modalidades y atendiendo a todas sus víctimas.
Ponencia expuesta en Alicante, el 2 de octubre de 2006 en las Jornadas informativas de violencia de género, organizadas por la Audiencia Provincial de Alicante y el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana
Laura Fátima Asensi Pérez Psicóloga Clínica y Forense Psicojurix - Psicólogos Jurídicos y Forenses Alicante -España
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